Tiwanaku-Proyecto Putuni 2011

PROYECTO DE CONSERVACIÓN DEL TEMPLO PUTUNI 2011
UNA CONTRIBUCIÓN AL RENACIMIENTO DE TIWANAKU

Por Patrizia Di Cosimo
Directora Proyecto de Conservación del Templo Putuni-2011
patrizia.dicosimo@unibo.it

Dedicado a mi padre querido

Advertencia

El presente artículo se escribió con el intento de dar a conocer a un público vasto, y no necesariamente de especialistas, los avances de los trabajos de campo de este año. Por esta razón no se ha querido insertar siglas, números y referencias demasiado técnicas, a fin de permitir una lectura ágil. Para todo tipo de detalles exquisitamente arqueológicos y de conservación, se puede consultar el Informe Final del Proyecto de Conservación del Templo Putuni-2011.
Por cuestiones de brevedad no se hace una introducción general sobre la arqueología e importancia de Tiwanaku, las cuales por otro lado han sido tratadas ampliamente en la copiosa bibliografía existente sobre el sitio.
Las fotos presentadas son de Patrizia Di Cosimo, si no diversamente indicado.

Tiwanaku entre ayer y hoy

Las teorías sobre el surgimiento y el papel jugado por Tiwanaku son innumerables, y han surgido por lo demás de los estímulos que inevitablemente un lugar de tal envergadura despierta en las fantasías humanas: centro de la antigua Atlántida, lugar de contacto con extraterrestres, sitio de llegada y partida de grupos humanos que tuvieron relación con las antiguas civilizaciones del Oriente Medio, teorías de una antigüedad remotísima calculada a partir de complejas y fantasiosas relaciones astronómicas, lugar de concentración de energías cósmicas para las nuevas generaciones en busca de un nuevo sentido religioso de la vida. Hasta llegar al nuevo papel político y cultural jugado por Tiwanaku, como origen y síntesis de la formación de la identidad indígena de la Bolivia de hoy.
Todas estas lecturas sobre Tiwanaku, a menudo son mucho más difundidas que las interpretaciones dadas a nivel arqueológico, y conforman definitivamente el conocimiento más aceptado y alcanzable por parte de la mayoría de la gente a nivel nacional e internacional. Quizás esto se debe a un límite del mundo académico y científico, que muchas veces no contempla una difusión masiva de sus conocimientos afuera de sus círculos restringidos.
Lo que más sorprende, todavía, para quién tenga la suerte de poder trabajar y vivir por algún tiempo en Tiwanaku, es una vaga sensación de que algo vuelve a repetirse de aquel pasado lejano, como cuando se asiste a la concentración de gente, bandas y grupos folklóricos en la lagunita del pueblo, durante la fiesta patronal del Señor de la Exaltación en Septiembre (Fig. 1), donde se exhibe la riqueza fantasmagórica de máscaras y trajes tradicionales de la morenada, y se asiste al despilfarro gozoso de bebidas alcohólicas y comidas, lo cual se constituye en todo un acontecimiento preparado durante el año bajo las estrictas y complejas normas de prestes y padrinos. A través de la fiesta éstos reafirman su prestigio social basado en la redistribución de la riqueza, por medio de la ofrenda opulenta de bebidas, comidas, danzas y música durante días y días. ¿No pasaba acaso algo similar en las fiestas y ritos registrados en los estratos arqueológicos de los templos de Tiwanaku, y que regían el complejo sistema social y económico de este antiguo Taypikala (el ‘centro del mundo’)?

Figura 1. - Fiesta del Señor de la Exaltación en el pueblo de Tiwanaku.

El Templo de Putuni

“Ya que los monumentos públicos representan la autoridad tanto civil que religiosa, se sitúan entre los restos más tangibles del ‘aparato ideológico’ del estado. Los templos de construcción estatal institucionalizan las relaciones de poder asimétricas de la integración estatal inspirando asombro, asociando el gobierno secular con el poder sobrenatural, y controlando el acceso a los bienes materiales tanto como a los espirituales.” (Paul Goldstein, 1993).
El Templo de Putuni (un rectángulo de 50 por 70 m.) se encuentra en el núcleo central del sitio de Tiwanaku, al Oeste del templo de Kalasasaya, opuesto al Templete Semisubterráneo. Con este último parece compartir una relación espacial y simbólica estricta, ya que su construcción buscó retomar el rasgo de templo hundido, si bien reinterpretado y reformulado novedosamente, ya que su patio central se estructura a partir de la construcción de una plataforma elevada continua en su alrededor, sostenida por muros monumentales externos e internos (Fig. 2). Dicha plataforma muestra una extensión en su parte Suroeste (Proyecto Wila Jawira, Kolata 1989), la cual se conecta a la zona de viviendas y entierros de elite estudiados por Nicole Couture (2002). La entrada principal y monumental, que conduce al patio, mira al este, mientras que son aún visibles y funcionales pequeñas escaleras secundarias de acceso a la plataforma en los extremos del lado norte.

Figura 2. - El Templo Putuni visto desde el sureste.

Se conoce el Templo también como el “Palacio de los Sarcófagos”, por la presencia de cámaras líticas dispuestas en las paredes internas que rodean el patio central, desde el cual se accede a ellas, cuya función queda todavía dudosa (Informe Final del Proyecto de Conservación del Templo Putuni, 2-2010, pág. 163, Gobierno Autónomo Municipal de Tiwanaku), a pesar de las excavaciones llevadas a cabo en los años 2009 y 2010 (ibídem). Esto se debe a que fueron encontrados al interior de las cámaras rellenos muy disturbados, evidencia de saqueos, a partir de la época Colonial, en busca de tesoros.
No se descarta todavía la hipótesis de un uso funerario de las cámaras, aunque el hallazgo de fragmentos de grandes vasijas en su interior podría apuntar a un uso de almacenamiento de bebidas y comidas para los usos rituales del Templo. Son estructuras que, en todo el sitio y hasta el momento, se han encontrado solo en Putuni, y llama la atención su número y disposición, lo cual no debió ser casual: siete en el lado norte y siete en el lado sur, y dos o tres en el lado este, mientras serían ausentes en el lado oeste. El número siete parece tener un significado importante en todo el sitio, ya que se repite en diversos elementos arquitectónicos del complejo monumental, como por ejemplo las siete terrazas escalonadas de la Pirámide de Akapana, o las hileras de siete sillares de los muros de las plataformas del lado este de la misma. Quizás el siete sea relacionado a las fases lunares, o bien resultaría ser la suma de 4 – los cuatro puntos cardinales – y 3 – los tres mundos de la cosmovisión andina.
Parte del complejo del Templo Putuni, la constituyen las estructuras habitacionales, pertenecientes a diferentes periodos prehispánicos, que se registraron en su parte Oeste y Sureste.
Al periodo Tardío Tiwanaku IV pertenece el área habitacional al Oeste, que fue objeto de excavaciones extensivas en años pasados (Kathryn Sampeck 1989 y 1990, Nicole Couture 2002). De estos trabajos tenemos información valiosa que muestra la complejidad de la organización social de Tiwanaku durante su apogeo y las actividades que se desarrollaron en el complejo, estrictamente ligadas al culto de los ancestros. Al Oeste del Templo fue hallado un Palacio de elite (conformado por varias estructuras alrededor de un patio) con muros decorados en diferentes colores y sectores alrededor del mismo donde se cumplían actividades de preparación de alimentos con la presencia de basurales, y un área de entierros de la misma elite (Fig. 3). Las dos áreas, la de vivienda y la funeraria, estaban separadas por un amplio muro que corría en dirección este-oeste, del cual encontramos un tramo en nuestras excavaciones (ver más adelante), y que fue un rasgo común en todo el sitio, encontrándose muros divisorios entre templos y demás estructuras.

Figura 3. - Planimetría tomado de Couture 2002, pág. 270.

Según la información de Couture (2002: 156-158), en Putuni se puede observar el ascenso y desarrollo de una nueva elite hacia los años 700/800 d. C., cuyo poder e identidad se manifestaban materialmente, y eran reproducidos y comunicados, a través del entorno arquitectónico en que residía. En Putuni esto se tradujo en la adopción de materiales refinados en la construcción de las residencias, y en la construcción de una red compleja de canales, los cuales parecen tener un marcado valor de símbolo de elite, entre otras cosas Couture 2002: 320).

Figura 4. - Vista del área de los canales del Templo Putuni.

Los canales de drenaje, o abastecimiento de agua, son otro rasgo que distingue al Templo de Putuni (Fig. 4). Ya desde los trabajos de Courty (1904) se reveló la existencia de un canal primario debajo de la plataforma oeste del Templo, el cual quedó expuesto y fue investigado en varias temporadas por otros arqueólogos (Janusek y Earnest 1988, Sampeck 1991, Kolata 1993) y que ha sido una de las áreas de intervención de nuestros trabajos de conservación, revelando la existencia de canales secundarios y terciarios que confluían en el principal.
El sistema de canales del que disponía todo el sitio arqueológico, y que constituía un elemento de lo más sobresaliente por el conocimiento de ingeniería que contempla, es muy poco conocido e investigado hasta el presente, pudiendo contar solo con información fragmentaria y no sistematizada. Sabemos que todos los templos y construcciones tenían canales que los atravesaban y servían del líquido elemento, tan precioso en el ambiente seco del altiplano andino. Pero además el significado de la presencia de un sistema de canales abarca argumentos fundamentales, como la construcción planificada del sitio, la cosmología y la religión tiwanakotas: según Kolata (1993) y Browman (2003), un gran canal rodeaba por los cuatros lados y encerraba el núcleo central del sitio ceremonial, interpretado como una ‘isla’ que conformaba el punto de mediación (taypi) de la cosmología de Tiwanaku. Posiblemente una compleja red de canalizaciones se conectaba a este canal perimetral, el cual se alimentaba de un ducto que procedía de las serranías al sur del sitio. Como dice Browman (2003, pp. 11-12):
“Esto indica un interés y un énfasis en el empleo del recurso hídrico por la gente de Tiwanaku […]. La manipulación del agua para propósitos rituales es evidentemente más importante en la cultura Tiwanaku, de lo que se pensaba anteriormente. Esto, naturalmente, no es sorprendente, considerando la importancia hacia la manipulación del agua registrada en varios rituales del estado tardío incaico.” (Traducción libre de la autora del artículo).
Otra área de viviendas de Putuni, se registró en la esquina sureste del Templo donde se encontraron, durante las investigaciones del año 2010 (Gobierno Autónomo Municipal de Tiwanaku 2010), un alineamiento de adobes con segmentos de piso asociado, que no fueron afectados por las acciones debidas al saqueo colonial. El piso y los adobes posiblemente se asociaron a las edificaciones habitacionales dispuestas previa construcción de la plataforma superior de Putuni (Gobierno Autónomo Municipal de Tiwanaku 2010, Informe Final del Proyecto de Conservación del Templo Putuni, 2-2010, pág. 165).
En un nivel inferior al anterior hallazgo, se encontró un canal asociado a un pavimento enlozado (ibídem: 106). Sobre dichas edificaciones, no existe mención alguna en relación a su posible cronología, por falta de tiempo para el análisis del material cerámico. Todavía la construcción y utilizo del templo, como lo vemos ahora, va desde el 500 al 1000 d.C. (Proyecto Wila Jawira 1989), así que, de forma relativa se atribuyen las estructuras más tempranas a un periodo anterior. Nicole Couture (2002) identifica ocupación del Formativo Tardío II, en el sector oeste del Templo, y la confirmación de un uso temprano del área (III siglo d.C.) se evidencia también con los nuevos datos surgidos de la excavación de este año en la plataforma Oeste.
Putuni fue también objeto de excavaciones arqueológicas por parte de Carlos Ponce, durante los años 50 y 70s, el cual se interesó sobre todo en dar a conocer los muros del Templo, sin dejar mucha información sobre estas intervenciones. En el área norte del Templo, que ha sido investigada por el presente proyecto 2011, tenemos evidencias de aquellos trabajos, al haber encontrado monedas de los años 60s entre otros objetos de la época, pero hemos perdido completamente las relaciones estratigráficas entre el muro norte del Templo y los estratos expuestos en el perfil norte exterior del mismo.
En los proyectos de conservación y excavación, impulsados por el Gobierno Municipal de Tiwanaku, que se llevaron a cabo en Putuni en los años 2009 y 2010, se recopiló información exhaustiva sobre las características y técnicas constructivas y arquitectónicas del Templo. La plataforma fue construida con rellenos de suelo provenientes de diferentes áreas, y por su disposición (no sistematizada, ni uniforme) y por la ausencia de superficies de uso, se determinó que la obra fue ejecutada en poco tiempo y de manera súbita (Informe final del proyecto arqueológico Putuni 2009. Fase II. A. Pérez: 148 - 149). Se documentó también la construcción de contrafuertes de los muros perimetrales del Templo, los cuales quedaron ocultados por los rellenos de la plataforma. Además se registró una intensa actividad de disturbio en áreas internas y externas del Templo, la cual data de la época colonial y que afectó sobre todo el patio interno y las cámaras líticas, para fines de canteo de sillares o en búsqueda de tesoros (Informe Final del Proyecto de Conservación del Templo Putuni, 2-2010, pág. 8).
Hay que remarcar la importancia de los proyectos finalizados a la conservación de la arquitectura del Templo, aplicando las reglamentaciones dictadas por los organismos internacionales prepuestos a la salvaguardia del Patrimonio Arqueológico. Se ha podido de esta forma recuperar buena parte de los muros perimetrales en proceso de colapso, y restituir, a través de la construcción de muros correctivos, una lectura fiel de la arquitectura original de la estructura, lo cual convierte a Putuni en el monumento mejor conservado de todo el sitio de Tiwanaku.

Los sectores investigados

SECTOR NORTE
El Sector Norte del Templo Putuni (Fig. 5) se encuentra entre el mismo Templo y la base de la pequeña altura de Chunchukala. En su porción más oriental colinda con la balconera de Kalasasaya, y en la más occidental con el barrio habitacional de elite del Templo Putuni. Esta ubicación ha influido en el transcurso del tiempo sobre las dinámicas deposicionales de los estratos que encontramos en las excavaciones de la presente temporada de trabajos de campo. Además fueron determinantes los trabajos de Ponce Sanjinés en los años 50-70s, durante los cuales se removió gran cantidad de tierra del sector norte de Putuni para mostrar el muro norte del mismo. Buena parte de estos estratos removidos suponemos que se fueron acumulando en nuestra área de excavación.

Figura 5. – Ubicación del Sector Norte y Sector Sur del Templo Putuni.

A raíz de esto documentamos estratos de deposición natural y antrópica, registrando en los locus más superficiales, evidencias de los trabajos arqueológicos del siglo pasado (con el hallazgo de monedas de los 60s), las actividades de canteo de material que se dieron en épocas de la Colonia sobre todo en las unidades más cercanas a Kalasasaya, y eventos relativos a los periodos Tiwanaku IV y V en los estratos más profundos. A menudo el material cultural perteneciente a estas dos épocas se encontró mezclado dentro del mismo estrato, lo que documentaría el alto grado de disturbio que afectó todo el sector (y en general todo el sitio), y la acción de arrastre de tierra por el agua pluvial procedente de la pendiente de Chunchukala (Fig. 6).

Figura 6. - Sector Norte: antes y después de los trabajos de excavación y conservación.

Los estratos tienen una pendiente general hacia el Este, y esto determinó que en la porción oeste del sector se documentaran niveles de ocupación más tempranos, además no afectados por las actividades de canteo encontrándonos en un área sin estructuras de bloques de piedras evidentes. Los mismos estratos, en la porción Este se ‘perdieron’ bajo el nivel actual de suelo, que fue nuestro límite de excavación.
Podemos dividir todo el sector Norte en tres áreas que muestran características distintas:
-Hacia el oeste registramos eventos no disturbados de tipo doméstico y ceremonial, como son un entierro ritual de vasijas decoradas rotas intencionalmente (Fig. 7), y la superficie de uso en forma de pequeño montículo (Evento 8), tratándose de una capa de arcilla bastante pura y clara, algo sobrelevada respecto a los suelos circundantes, a los dos costados de la cual se hallaron dos pozos de poca profundidad (quizá con fines de drenaje), y sobre la cual se registró lo que parece ser el basamento de cantos rodados medianos de una pequeña estructura de adobes hexagonales (Fig. 8).

Figura 7. - Material cerámico roto intencionalmente y enterrado, Sector Norte (Locus 590).

-En la parte central se encuentra una zona de estructuras (Fig. 9), que da continuidad a muros y enlozados ya expuestos del templo, y cantidad de bloques y sillares trabajados y colapsados. Tales bloques se concentran todos en esta área y podrían ser parte de una entrada al sector colapsada o en proceso de canteo no concluido. Tales estructuras pertenecen a la última fase de uso del Templo Putuni, considerando las relaciones estratigráficas.

Figura 8. - Superficie de capa de arcilla con cantos rodados alineados y adobe hexagonal (Evento 8).

Figura 9. - Área de estructuras y bloques del Sector Norte

-La parte al este fue la más intervenida por las actividades de canteo de material lítico, cerca de Kalasasaya, y por esto se presenta como la más disturbada.
En todas las unidades se registraron hasta 5 superficies de uso, que proporcionaron material cultural de las épocas Clásica y Expansiva de Tiwanaku, y quizás también de épocas más tempranas, lo cual se precisará con el análisis del material cultural. Las primeras dos mostraban todavía intrusiones recientes (vidrios, tapas de metal, plásticos, cerámica vidriada), mientras a partir de la tercera no se encontraron intrusiones recientes (salvo uno o dos objetos que pueden haber bajado por las grietas arcillosas), proporcionando mayor cantidad de material cultural prehispánico.
Por lo que concierne al material cerámico, la mayoría de los fragmentos hallados se refiere a objetos de uso doméstico, hallándose igualmente una buena muestra de objetos de uso ceremonial, los cuales confirman el desarrollo de actividades ligadas al culto y religión tiwanakota. Igualmente muy variada, en materiales y formas, fue la recuperación de líticos, habiéndose encontrado gran cantidad de lascas de desecho de talla de cuarcita y basalto, pequeños pedazos de obsidiana o vidrio volcánico, puntas de flecha en cuarcita blanca, restos de calcedonia amarilla y roja y de lapislázuli, algún objeto de malachita, y otros líticos en menor cantidad no identificadas (Fig. 10). Lo que resulta, por esta gran variedad, es una industria lítica muy floreciente, que busca materiales de diferentes calidades, con una preocupación también, nos parece, por la variedad de colores de las piedras. La importancia y el uso de colores se desprenden también de los numerosos grumos de ocre amarillo y rojo, encontrados sobre todo en correspondencia de los bloques y sillares.

Figura 10. - Variedad de materiales hallados en el Sector Norte: punta de flecha de andesita (L319), boleadora de arenisca y lasca de vidrio volcánico (L608), cuenta de malachita (L416), lámina de oro (L413), cristal y cuarzo (L399), lapislázuli (L355), objetos de cuarzo romboidales (L362), ‘botón’ (L385).

Entre la lítica llamó la atención la gran cantidad de pequeños objetos de cuarzo, de forma romboidal, con dos puntas opuestas y tallados en forma hexagonal (Fig. 10). Éstos se hallan de tres medidas (3 mm., 5 mm., 8 mm.), siendo más numerosos los de talla mediana. Se encuentran en todo tipo de contexto y esparcidos en los estratos. Su uso queda por averiguarse, pero sugerimos una utilización con fines matemáticos o lúdicos. Otros objetos líticos, de los cuales igualmente se desconoce la función, fueron pequeños ‘botones’, de forma semi-esférica, por lo general pulidos y a menudo con simples decoraciones incisas. No presentan agujeros ni otros elementos que pudieran hacer pensar en pendientes, siendo lo más probable que fueran incrustados en algún otro objeto (¿vestimenta?). Este tipo de objetos se encontraron también en cerámica.
Destacaron entre los hallazgos dos objetos en lámina de oro, una cabeza antropo-zoomorfa de arenisca, objetos líticos como puntas de flecha en cuarcita y boleadoras, restos de conchas y madreperla, tiestos cerámicos de kerus y tazones ceremoniales, sulfato de cobre.
También se recolectó gran cantidad de material óseo, habiéndose reconocido taxas de camélidos, cuy, aves, escamas de pescado.
En el extremo oeste del perfil norte del templo, encontramos una fosa donde fueron depositadas grandes cantidades de cerámica de uso ritual (kerus, sahumadores y tazones por la mayoría) intencionalmente rota y enterrada, según un uso ritual ya conocido en Tiwanaku. Estos fragmentos pertenecen al Tiwanaku Clásico (Fig. 7), y no muestran rasgo alguno de uso.
Como hipótesis preliminar, y considerando la posición del Sector Norte, el tipo de material hallado, su concentración, y la cercanía con la zona (hacia el lado oeste del Templo) investigada por Couture (2002), avanzamos la interpretación de que estamos frente a un área de uso doméstico y ceremonial, periférica a un sector de viviendas de elites, donde se llevaron a cabo diferentes tipos de actividades también artesanales, como talleres líticos y fundición de cobre. Sería muy interesante poder ampliar las investigaciones hacia el norte, desde donde parecen proceder la mayoría de los materiales hallados.

SECTOR OESTE
En la trinchera del canal primario, que se encuentra en la plataforma oeste del Templo Putuni (Fig. 5), se llevaron a cabo en el siglo pasado varias excavaciones de las cuales encontramos evidencias en casi todos los estratos investigados. Es decir llenados de tierra, cortes, curawados para proteger las estructuras, muros de adobes y bloques de piedras reutilizados como contención de los perfiles, y hasta un acto de challa, con un bloque de roca antiguo sobre el cual se rompió una botella de vidrio cuyos fragmentos encontramos en situ. En el perfil sur de la trinchera se encontró una zanja profunda (Eventos 06 y 07) que corta todos los estratos llegando hasta el nivel del canal primario, parte del cual fue retirado. Fue posiblemente esta, obra de George Courty en 1903, que intervino en muchas partes del Templo Putuni en busca de ‘tesoros’.
A pesar de esto las únicas informaciones valiosas que nos ayudan en la interpretación de los hallazgos, y que han sido publicadas, son las de Couture (2002).
Si bien se pudieron indagar superficies muy restringidas, las excavaciones (Fig. 11) nos mostraron una continuidad ininterrumpida de ocupación a partir por lo menos del Formativo Temprano (Tiwanaku I-II) hasta las últimas refacciones del Templo que se dieron en el Periodo Expansivo. Durante todo este tiempo, que abarca aproximadamente un milenio, y que dejó alrededor de dos metros de deposición, se pasó de un uso doméstico y ceremonial en tiempos del Formativo, hallando superficie de uso, basurales, fogones y una ofrenda, a una intervención y refacciones continuadas durante el periodo Tiwanaku IV cuando se construyó el canal primario y los secundarios, que cortaron los estratos más antiguos. Hacia el final de esta época se instaló al oeste del Templo una élite de alto rango, que tenía en nuestra área zonas de actividades domésticas (ver las superficies de uso y los numerosos fogones y basurales hallados en la porción nor-oeste de la trinchera), entre las cuales registramos por lo menos un acto ritual. Además se implementaron los ductos de drenaje de los nuevos barrios y zonas funerarias, los cuales conducían las aguas hacia el canal principal.

Figura 11. – Levantamiento topográfico del Sector Oeste, indicando las áreas de excavación (en gris) y el trazado del muro de conservación.

En cierto momento hacia el siglo VIII de nuestra era, y ya empezado el Tiwanaku Expansivo, se dan en Putuni grandes obras de refacción, que destruyen y cubren todas las estructuras pre-existentes. Es así que registramos arriba de todos los canales secundarios y terciarios los niveles de rellenado (Evento 09) que fueron a constituir las plataformas del Templo como lo conocemos hoy.
Los elementos más sobresalientes (Fig. 13 y 14) son naturalmente el canal monumental (1) que corre al fondo de la trinchera y los dos ductos secundarios que proceden de este (2) y oeste (3), y que muestran rasgos constructivos similares. El canal oriental procede del patio interior del templo colectando las aguas pluviales que allí se acumulaban, el occidental del área de entierros al oeste de Putuni. Registramos además cuatros ductos terciarios, de los cuales quedan expuestos solo dos: éstos muestran rasgos constructivos menos premurosos, reutilizando bloques trabajados y grandes guijarros de río. Uno (4) se acopla perpendicularmente desde el sur al canal secundario del este; el segundo (5) se conecta con un ángulo aproximado de 45 grados al canal del oeste, y el tercero y cuarto, que se unen entre sí (6 y 7), se conectaban directamente al canal primario y fueron registrados en la esquina noreste de la trinchera.

Figura 13. - Plano del sistema de canales (J. Intimayta, Informe Final Proyecto de Conservación del Templo Putuni-2011, pág. 156). El espesor de línea específica el tipo de ducto y el modo como se estructura cada uno de ellos.

Figura 14. - Vista desde el norte de la trinchera de la plataforma Oeste, durante los trabajos, con todos los canales expuestos.

Otro elemento arquitectónico sobresaliente fue el hallazgo del basamento de un muro grande, que de acuerdo con las excavaciones de Couture (2002), era el muro perimetral que dividía la zona de entierros y el Palacio de residencia de la elite del Tiwanaku IV Tardío (Fig. 12). Este muro marca también una diferencia entre los estratos deposicionales registrados en esta temporada de campo, mostrando una actividad menor en la porción sur de nuestra trinchera, y un intenso uso de la porción norte, donde se suceden numerosas superficies de uso que albergaron fogones formales e informales, y fosas de basurales (Fig. 15). Estas diferencias se extinguen al llegar a los estratos del Formativo que se registran en todas las unidades de la trinchera.

Figura 15. - Área de fogones y basurales.

Fig. 12. – Planimetría general del sector de viviendas, entierros y canales del Templo Putuni, con reconstrucción hipotética de rasgos (áreas en rojo), a partir de los planos de Couture (2002). Elaborado por P. Di Cosimo.

Lo interesante es que durante muchos siglos de existencia y de construcciones y refacciones de los templos y edificios, se sigue utilizando el canal antiguo, ampliando la compleja red de drenaje, y/o abastecimiento de agua, que servía capilarmente todas las estructuras del sitio. La ingeniería hidráulica de Tiwanaku queda como un campo vasto por investigar.
Aunque no de carácter monumental, fueron muy importantes otros hallazgos que se dieron. En el perfil Este, debajo del relleno estructural de la plataforma se halló una superficie de uso (Evento 10), todavía posterior al canal secundario que aquí se encuentra, en la cual se registró la impronta de un sillar, que quizás pertenecía a un muro que fue desmantelado en las últimas refacciones del Templo. En la misma unidad y debajo del canal secundario, se registraron las superficies de uso de los periodos del Formativo Temprano y Tardío, a los cuales pertenecen basurales y pozos.
En el área norte del Sector oeste, la estratigrafía se presentó más compleja, debido a las intensas actividades de cocina y domésticas en general, que se desarrollaron allí durante la permanencia de la elite del Tiwanaku IV Tardío, así como en periodos más antiguos. Entre los eventos registrados hay que remarcar una deposición ritual (Fig. 16) de objetos y restos de comida (Evento 28A), la cual se referiría a un acto ritual de orden ‘familiar’, y que, considerando las relaciones estratigráficas y las decoraciones cerámicas, pertenece probablemente a las fases iniciales del periodo Tiwanaku IV.

Figura 16. - Evento 28-A, ofrenda, vista general y particular.

Esta ofrenda se ubica increíblemente casi arriba de la ofrenda (Evento 30B) del periodo Formativo Tardío (Fig. 17), que se registró unos 10 cm. más abajo, apuntando a una continuidad de uso y actividades que se desarrollaban en el área, documentada también por los fogones, basurales y pozos de los estratos del Formativo. Además la construcción de las áreas residenciales sobre contextos ceremoniales más tempranos se confirman también en el trabajo de Couture (2002: 178). Esta continuidad se remarca también en la tipología de objetos que conformaban las dos ofrendas, los cuales componen una sintaxis de elementos constitutivos y depositados durante los actos rituales. En ambas se encontraron: una pareja de tiestos decorados pertenecientes a la misma vasija y puestos uno al lado del otro, huesos largos de camélidos que probablemente son restos de comidas rituales (quizás preparadas en los numerosos fogones registrados al lado), una piedra cúbica y una ovalada con ocre.

Figura 17. - Ofrenda del periodo Formativo Tardío.

Figura 18. - Evento 30-B, cerámica Queya, 200 d. C., hallada en la segunda ofrenda.

En la ofrenda más antigua encontramos vasijas del tipo Qeya (Fig. 18), fechadas 200 d. C. (Albarracín Jordan, 2007), lo cual es un hecho novedoso respecto a los hallazgos de Couture, que no encontró ningún tiesto de este tipo en Putuni:
“Así como para las vasijas polícromas Kalasasaya del Formativo Tardío I, la cerámica Qeya se encuentra en toda la cuenca sur del Titicaca, pero su distribución es muy limitada. Por ejemplo, en el área de Putuni y de Akapana Este 1, se recogieron muy pocos fragmentos Qeya. En la Península de Taraco, Bandy (2001: 164) nota que vasijas Qeya están presentes solamente en los sitios mayores del Formativo Tardío, y casi nunca en los pequeños sitios habitacionales. Es comúnmente aceptado que la cerámica Qeya representa un conjunto especializado de vasijas ceremoniales (Bandy 2001; Janusek 2002a).” (Couture 2002: 149; traducción de la autora).
Y más adelante:
“La distribución del conjunto de cerámica Qeya sugiere que las comunidades de la cuenca sur del Titicaca, incluido Tiwanaku, fueron posiblemente ligadas por un sistema complejo de lazos rituales e económicos”. (Couture 2002: 151; traducción de la autora).
Estas consideraciones sobre la cerámica Qeya, de la cual hallamos una vasija entera y otra casi completa, nos hacen suponer que en el Formativo Tardío II el área de Putuni era ya un lugar ceremonial muy importante, donde actuaba una elite muy potente ligada a otros centros principales a nivel regional, que quizás ya residía allí, como demostrarían los restos de fogones y basurales hallados en nuestras excavaciones, los cuales arrojaron material cerámico y lítico de tipo doméstico.
Por lo que concierne los materiales culturales recolectados en el Sector Oeste, se reafirma la gran variedad de tipologías y formas ya registradas en el Sector Norte, si bien en mayor cantidad.
Queda por estudiar la relación entre los estratos de los periodos Formativos y Tiwanaku Clásico y el canal primario: pudimos documentar que el canal corta los niveles del Formativo Temprano, mientras las relaciones estratigráficas se han perdido para siempre, con respecto al Formativo Tardío y Tiwanaku IV. Según Ponce (1999) el canal fue construido durante el periodo Tiwanaku Clásico, pero ¿en qué momento: durante las primeras fases de este periodo o por las elites del final del mismo?
Nos quedan muchas preguntas más sobre este interesante rasgo arquitectónico: ¿El canal principal estaba a la vista cuando fueron construidos los canales secundarios? Lo único cierto es que este se siguió usando durante todo el periodo de vida del Templo Putuni. Y ¿Cómo se daba la manutención del canal antiguo? Y, sabiendo que el agua era uno de los elementos principales al cual rendían culto los tiwanakotas, ¿las ofrendas registradas, podrían tener una relación directa con el canal (si es que ya existiera en tiempos tan remotos), donde el agua fluía quizás incesantemente?

La importancia de la conservación

La arquitectura del sitio arqueológico de Tiwanaku requiere de todo nuestro esfuerzo para su conservación, preservación y puesta en valor, por los enormes significados simbólico y cultural que representa, testimoniando el origen y el desarrollo histórico de la Bolivia de hoy. El presente proyecto, además de desarrollar estrategias de conservación, vio el aporte y la participación de los habitantes de las comunidades hodiernas de Tiwanaku, los cuales se convierten de esta manera en actores directos en la preservación de nuestro patrimonio.
Los trabajos de conservación del Templo Putuni posibilitaron también la comprensión de las diferentes técnicas constructivas prehispánicas, y de la organización del espacio construido durante los siglos. Para poder aproximarnos a entender esas experiencias y diferencias, estamos obligados a preservar, estudiar y poner en valor este patrimonio, considerando su forma, disposición, material y composición dentro del contexto arquitectónico y arqueológico.
La conservación ejecutada del conducto subterráneo (Fig. 19 y 22), por ejemplo, permite entender todo el contexto constructivo de la arquitectura y la planificación en el hábitat global, y en particular nos permite observar la complejidad de los ductos, la importancia de cada uno de ellos y el modo como se asocian a los diferentes contextos arquitectónicos. Las estrategias y técnicas utilizadas para poder exponer estas experiencias, están sujetas a normas generales de conservación del patrimonio, habiendo rescatado en particular el uso del sistema constructivo y de los materiales tradicionales.

Figura 19. - Vistas de la trinchera de la plataforma oeste del Templo Putuni antes y después de las obras de conservación (Fotos J. Intimayta).

Figura 22. - Construcción del muro en la plataforma oeste.

La aplicación de técnicas tradicionales de construcción (propias de la zona) y de materiales existentes en el entorno del sitio, como son la paja, las diferentes arcillas, la penca, grava y limos, y su elaboración para construir adobes y curawado, y para realizar rellenos de espacios vacíos e impermeabilización de superficies, permiten respetar las normas internacionales sobre la conservación, restauración, salvaguarda y protección del patrimonio arqueológico dictadas por la ICOMOS y UNESCO. Estas normas establecen que toda intervención debe ser reversible, de mínimo impacto, respetando la autenticidad en la reconstrucción y restitución de las arquitecturas antiguas, así como insertarse armónicamente en el paisaje. Todo el material utilizado además fue cuidadosamente escogido, clasificado según tipos, colores, dureza y controlado en su dosificación.
Se ejecutaron también tareas curativas de conservación en otras áreas del templo (Fig. 20 y 21), las cuales enfrentan los problemas de acumulación, saturación de humedad y erosión que causa el agua superficial a los diferentes componentes del Templo (lozas, muros, plataformas, cimientos).

Figura 20. - Compactado de plataforma.

Figura 21. - Construcción de curawado.

El canal primario

Es una obra monumental, que corre de sur a norte con una pendiente uniforme del 1% en dirección al Río Tiwanaku (Fig. 4). El material empleado, sillares de arenisca, muestra rasgos de reutilización y su principal rasgo constructivo pone énfasis en la forma y la uniformidad del espacio interior, el cual tiene una altura de 0.70 m y un ancho de 0.40 m. La base está construida por sillares unidos entre sí con máxima precisión, mientras los muros laterales se constituyen de tres hileras uniformes de sillares de 0.23 m de altura cada uno. Los bloques muestran la cara frontal pulida con un corte recto, mientras en los lados el corte es trapezoidal, permitiendo una junta de suma precisión. Las losas de arenisca que cubren el conducto son de espesores variables, ajustándose perfectamente con los muros laterales en sus puntos de apoyo.
Agradecimientos

Quiero agradecer al Honorable Alcalde Marcelino Copaña Alejo del Gobierno Autónomo Municipal de Tiwanaku, y a Hugo Ávalos de la Dirección de Arqueología, que me han otorgado la posibilidad de publicar este artículo sobre los trabajos desarrollados bajo mi dirección durante los meses de junio-octubre de este año.
Mucha de la información aquí citada se basa en el trabajo de investigación desarrollado por los arqueólogos y arquitecto auxiliares, Roger Ángel Cossío Carrillo, Miguel Ángel López Callejas, Analy Letty Quiroga Jarandilla, Julio J. Intimayta Ramos. Dichos trabajos se pudieron realizar gracias a la colaboración de todo el personal que participó en el proyecto, y quiero aquí agradecer en particular a todos los Maestros, a Franz Choque Quispe y a Clemente Mamani. Unas gracias especiales a Paloma Prieto Clavijo para la revisión del artículo.

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